El encapsulamiento conceptual en una ideología que ellos consideran necesario su predominio y divulgamiento, los obliga a defenderla enfáticamente, sin vacilar. Difícilmente pueden reconocer un logro en la vereda opuesta, significaría una derrota muy dolorosa, una retractación incoherente a su "lucha".
Critican el ser egoísta de clase media, o media alta, creen que la naturaleza del ser humano varía de acuerdo a las clases. Los de clase media son egoístas, frívolos, solo quieren su propio beneficio, lo mismo con los empresarios, y los corporativistas. Nos da a lugar a pensar, que las clases mas pobres son solidarios y hospitalarios por naturaleza. Casi como si se dividieran en diferentes razas.
Sería un suicidio intentar una recapacitación en su mirada, una mínima autocritica. Raramente alguno de éstos, se autodefinan como fanáticos, y casi siempre suelen irritarse cuando se los llama de esa manera. El debate se disuelve y prevalecen los agravios cuando se tocan temas delicados en los cuales ellos ya tienen el discurso elaborado con escasas variaciones, y sin espacio a la apertura de nuevas ideas.
Macri estaba condenado antes de asumir, la izquierda no soportaría ningun tipo de reconocimiento a uno de los mayores representantes de su ideología enemiga. Si no son los baches, es la inseguridad. Si no son los baches ni en la inseguridad, es la salud y educación. Siempre habrá un motivo para reprobar la gestión. Critican su pasado empresarial, se indignan de sus procesamientos por corrupción, y ni se inmutan frente al escandaloso enriquecimiento patrimonial del fallecido ex presidente, ejerciendo la función publica.
Justifican el accionar avasallante y autoritario de Chavez. Lo consideran un mal necesario. No se les pasa por la cabeza relacionarlo con un fascismo de izquierda, seria algo inadmisible en su vocabulario progresista.
Muchos se indignan con discursos incendiarios, políticamente incorrectos, de dirigentes de la oposición, como Carrio, Macri, Grondona y Biolcatti. De la misma manera enaltecen y miran con simpatía las expresiones violentas y cuasi fascistas de Hebe de Bonafini o Estela de Carlotto en los últimos días. Que Bonafini festeje el atentado del 11 de septiembre que se llevo la vida de mas de 2,000 personas de todo el mundo, vaya y pase, pero que Macri diga en tono humorístico que "a Kirchner lo vamos a tirar por la ventana con los votos" es escandaloso y absolutamente repudiable. Tienen un claro discurso contradictorio pero rentable, por lo menos en el corto plazo. No sabemos si podrá subsistir con el paso del tiempo.
Son extremadamente susceptibles a hechos, gestos o frases que aludan directa o indirecamente al golpismo y fascismo, siempre y cuando provenga del otro lado. Tomar colegios o facultades e imposibilitar el derecho a tener una educación a los demás, no importa si estas de acuerdo o no, es un reclamo necesario. Sus derechos son mas importantes y tienen un mayor valor. Dicen ser defensores de los derechos humanos, repudian enfáticamente las dictaduras, excepto una, la aislada. Allí, donde se producen las peores aberraciones a los derechos humanos en el continente con persecución de políticos y opositores. No lo condenan de la misma forma que a las otras dictaduras, porque al fin y al cabo, comparten el mismo enemigo, razón mas que suficiente para compadecerse.
Dicen ser democráticos pero pedir a los gritos la destitucion de un vicepresidente apoyado por un importante sector de la población, es un reclamo justificable. Dicen ser democráticos pero observan con pasividad y clemencia el insulto y escrache a periodistas y políticos opositores.
Critican el capitalismo, lo consideran la causa de todos los males, un sistema egoísta por donde se lo mire. Elogian el socialismo y observan con encanto el comunismo, es un discurso atrapante, apasionado, casi noble. A la hora de la comodidad, sin embargo, sueñan con estudiar, vivir o irse de vacaciones a esos países que tanto critican. Defenestran a las corporaciones, pero se alimentan de ellos, de sus productos y servicios. Creen estar convencidos, pero en el fondo no lo están. La hipocresía lo evidencia.
Suelen escudarse al decir que tienen fuertes convicciones. Como si tal afirmacion significara algo meritorio, para resaltar. Fuertes convicciones, que nos hace pensar, de un pensamiento inflexible, poco tolerante y de escasa autocritica. Como un camino blindado, rodeado de puertas de hierro sin posibilidad de apertura a otros pensamientos, ideas u opiniones.
Son intolerantes en su mayoría, no aceptan discrepancias, ni argumento que pueda desestabilizar su postura indeclinable. Cuando llegan al límite de no poder sustentar más el discurso, necesitan encasillarte y pegarte por otro lado. Es muy común que te pregunten cosas como !vos a quien votaste! !que modelo apoyas!, preguntas como estas son muy necesarias para darle forma a sus prejuicios ineludibles. Una cosa implica lo otro, y lo otro implica esa cosa. Cinco palabras tuyas, es material suficiente para que emitan 200 frases creyendo describirte como pensas, y que opinión tenes respecto a los diferentes temas, como si te trataran de una raza homogénea. La generalización es una constante en sus discursos. Defender un dicho de una persona, es defender su pasado, sus errores y falencias, es defender lo más nefasto. Un premio nobel de literatura es un genio, pero un pelotudo hablando de política. No existen los matices. Sus percepciones sobre intelectuales son como una montaña rusa, podes ser un periodista muy prestigioso y respetado, y al otro día, un pelotudo, un traidor, un hijo de.
Así son, ven la realidad de los hechos con una mirada sesgada y absolutamente parcial. Se enceguecen frente a sus contradicciones, y se retroalimentan con las equivocaciones de sus enemigos. Al fin y al cabo, es más el fanatismo que tienen en contra de, que otra cosa. Es eso lo que los impulsa a continuar su lucha, una lucha vacía, de contradicciones permanentes, y de una gran hipocresía.
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jueves, 9 de diciembre de 2010
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Militancia y Fanatismo
Nadie duda que la militancia tiene un rol fundamental en un partido político y configura un aspecto esencial en la política argentina. Ahora bien, la pregunta que surge de una manera casi automática es, hasta que punto esta militancia partidaria es beneficioso para una nación.?
La militancia puede tener objetivos nobles en muchos casos, militar por una causa justa, como una mayor igualdad social, es algo que no puede cuestionarse bajo ningún punto de vista. El punto clave, transcurre cuando se confunde el militar por una causa justa con el fanatismo insensato por un partido político o proyecto de país. Y cuando tal fanatismo militante se torna mas bien una herramienta utilizada por los partidos gobernantes para popularizar medidas de gobierno muchas veces imprudentes pero siempre apoyadas por un grupo perteneciente al núcleo mas concentrado de militantes
A lo que voy es a lo siguiente. El hecho de militar en un partido político no tiene nada de malo. El problema, surge, creo yo, cuando dicha militancia se convierte en un fanatismo indeclinable. Cuando dicha militancia nos imposibilita de tener una libertad de pensamiento necesaria para abordar los temas de la actualidad. Cuando dicha militancia nos prohíbe de acercarnos a otras posturas, por el simple hecho de no compartir con las ideas del partido. Cuando dicha militancia nos encierra, y nos aísla en un pensamiento unánime, de escasa abertura a otras opiniones e ideas. Cuando dicha militancia nos hace ver con repudio todo concepto exterior al campo ideológico al que pertenecemos. Esa es la militancia perjudicial, la que no construye, sin mas bien la que divide, y la que genera una crispación innecesaria.
Para dejar de hablar en abstracto, me voy a referir a un caso en particular que posiblemente ya me anticiparon. Me refiero a una nueva generación de militantes K, muchos de ellos "militando" en la esfera virtual. He tenido innumerables debates y otras veces simples discusiones con cientos de éstos. La mayoría de las veces, me voy con una sensación amarga, porque casi siempre termina en un a guerra de prejuicios y generalizaciones que no hacen a un buen debate. Hay incluso quienes aseveran que darían la vida por el partido que acompañan. Se enervan cuando se los contradice o cuando se critica el accionar de su gobierno.
Muchas veces pienso, que sería de este país, con menos militantes partidarios de este estilo. Miro a las potencias mundiales, ninguno tiene militantes, no lo pongo como excusa, pero es un indicio. Es muy turbio el punto en el cual la militancia dejo de ser simple militancia para convertirse en un grupo de fanáticos dispuesto a todo. Todos sabemos las consecuencias nefastas que sufrió la humanidad por culpa del fanatismo ideológico, religioso, o clasista. Es por eso que es necesario una mínima reflexión, hasta que punto podemos seguir defendiendo la militancia en este país, si nos conocemos bien, y sabemos en que culmina: escrache a periodistas y opositores, cánticos agraviantes a funcionarios de la nación, insultos excesivos a políticos disidentes, por nombrar algunas.
Lo mas llamativo, fue lo que me toco ver hace unos dias. Uno de estos militantes K, quería encuadrar a un periodista. El periodista se rehusaba a que lo encuadren, el militante insistía con un termino bastante común en su vocabulario "dale jugátela". El encuadramiento se vuelve una característica insoslayable. El militante fanático necesita identificarte, y encasillarte. Es una cualidad que siempre, absolutamente siempre, van a acudir. Mas allá de lo fascista que se entiende en el hecho de exigir tu identificación política, a que partido perteneces, o a quien votaste para luego encasillarte y pre juzgarte, para ellos, el terreno político tiene escasos casilleros. Podría decirte que son solamente 2, ellos y el anti. El anti abarca a muchos pensamientos, pero son siempre el anti y no existe el universo de matices.
Ojala este equivocado y que en realidad la distancia entre militancia y fanatismo sea mucho mayor a la que yo creía y que dichos términos tengan pocas cosas en común. De todas maneras, me vuelvo, al mismo tiempo, poco optimista, si en una sociedad existe un programa de televisión sustentado por el propio gobierno de la nación, donde se justifica, se incita y se festeja el accionar agresivo y despectivo contra toda persona opositora a este gobierno, y que de dicho programa se ocupen permanentemente de fomentar un odio ideológico como pocas veces se ha visto en un programa de televisión, es entonces cuando me da la sensación de que estamos frente a un problema mucho mas grave del que me imaginaba en primera instancia.
La militancia puede tener objetivos nobles en muchos casos, militar por una causa justa, como una mayor igualdad social, es algo que no puede cuestionarse bajo ningún punto de vista. El punto clave, transcurre cuando se confunde el militar por una causa justa con el fanatismo insensato por un partido político o proyecto de país. Y cuando tal fanatismo militante se torna mas bien una herramienta utilizada por los partidos gobernantes para popularizar medidas de gobierno muchas veces imprudentes pero siempre apoyadas por un grupo perteneciente al núcleo mas concentrado de militantes
A lo que voy es a lo siguiente. El hecho de militar en un partido político no tiene nada de malo. El problema, surge, creo yo, cuando dicha militancia se convierte en un fanatismo indeclinable. Cuando dicha militancia nos imposibilita de tener una libertad de pensamiento necesaria para abordar los temas de la actualidad. Cuando dicha militancia nos prohíbe de acercarnos a otras posturas, por el simple hecho de no compartir con las ideas del partido. Cuando dicha militancia nos encierra, y nos aísla en un pensamiento unánime, de escasa abertura a otras opiniones e ideas. Cuando dicha militancia nos hace ver con repudio todo concepto exterior al campo ideológico al que pertenecemos. Esa es la militancia perjudicial, la que no construye, sin mas bien la que divide, y la que genera una crispación innecesaria.
Para dejar de hablar en abstracto, me voy a referir a un caso en particular que posiblemente ya me anticiparon. Me refiero a una nueva generación de militantes K, muchos de ellos "militando" en la esfera virtual. He tenido innumerables debates y otras veces simples discusiones con cientos de éstos. La mayoría de las veces, me voy con una sensación amarga, porque casi siempre termina en un a guerra de prejuicios y generalizaciones que no hacen a un buen debate. Hay incluso quienes aseveran que darían la vida por el partido que acompañan. Se enervan cuando se los contradice o cuando se critica el accionar de su gobierno.
Muchas veces pienso, que sería de este país, con menos militantes partidarios de este estilo. Miro a las potencias mundiales, ninguno tiene militantes, no lo pongo como excusa, pero es un indicio. Es muy turbio el punto en el cual la militancia dejo de ser simple militancia para convertirse en un grupo de fanáticos dispuesto a todo. Todos sabemos las consecuencias nefastas que sufrió la humanidad por culpa del fanatismo ideológico, religioso, o clasista. Es por eso que es necesario una mínima reflexión, hasta que punto podemos seguir defendiendo la militancia en este país, si nos conocemos bien, y sabemos en que culmina: escrache a periodistas y opositores, cánticos agraviantes a funcionarios de la nación, insultos excesivos a políticos disidentes, por nombrar algunas.
Lo mas llamativo, fue lo que me toco ver hace unos dias. Uno de estos militantes K, quería encuadrar a un periodista. El periodista se rehusaba a que lo encuadren, el militante insistía con un termino bastante común en su vocabulario "dale jugátela". El encuadramiento se vuelve una característica insoslayable. El militante fanático necesita identificarte, y encasillarte. Es una cualidad que siempre, absolutamente siempre, van a acudir. Mas allá de lo fascista que se entiende en el hecho de exigir tu identificación política, a que partido perteneces, o a quien votaste para luego encasillarte y pre juzgarte, para ellos, el terreno político tiene escasos casilleros. Podría decirte que son solamente 2, ellos y el anti. El anti abarca a muchos pensamientos, pero son siempre el anti y no existe el universo de matices.
Ojala este equivocado y que en realidad la distancia entre militancia y fanatismo sea mucho mayor a la que yo creía y que dichos términos tengan pocas cosas en común. De todas maneras, me vuelvo, al mismo tiempo, poco optimista, si en una sociedad existe un programa de televisión sustentado por el propio gobierno de la nación, donde se justifica, se incita y se festeja el accionar agresivo y despectivo contra toda persona opositora a este gobierno, y que de dicho programa se ocupen permanentemente de fomentar un odio ideológico como pocas veces se ha visto en un programa de televisión, es entonces cuando me da la sensación de que estamos frente a un problema mucho mas grave del que me imaginaba en primera instancia.
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